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Una gran familia...

¡Hola! Somos LeBebot, una numerosa familia de bebotes de distintos tamaños, con gran variedad de gestos y expresiones tan reales que a muchos de nosotros suelen encontrarnos similitudes con algún bebé de verdad.

 

Tenemos también una hermosa línea de ropita y accesorios muy divertidos para jugar ¡que es lo que más nos gusta hacer, jugaríamos todo el día!

 

Como en toda familia, también en la nuestra hay diferencias y puntos de encuentro. Tenemos algunas similitudes físicas, pero, en esencia, somos muy distintos unos de otros. ¡También son muy distintas nuestras personalidades, gustos y preferencias! Pero compartimos lo más importante: los valores. Y es, en el armónico equilibrio de nuestras similitudes y diferencias, donde está la riqueza y el diferencial de nuestra familia.

Y detrás de la

familia LeBebot...

 

¡Otra!  Somos 5 (tres hermanos, mamá y papá); cada uno abocado al manejo y dirección de un área específica dentro de la empresa, pero siempre en permanente cruce e interacción, respetando y aprendiendo mucho del trabajo del otro y habiendo elegido cada uno de nosotros formar parte de esta hermosa tarea que es fabricar juguetes, un rubro muy interesante, alegre y divertido.

 

Nuestra familia se amplía y complementa con la presencia de un hermoso grupo de personas que trabajan junto a nosotros hace muchos años, abocados también a funciones y tareas específicas y ayudando, con su trabajo dedicado y responsable, a hacer posible el LeBebot que tanto soñamos.

LeBebot es nuestro trabajo y medio de vida, pero es también y, sobre todo, lo que elegimos seguir haciendo cada día.

 

Queremos mucho lo que hacemos; trabajamos en lo que nos apasiona, en familia, con la colaboración de un hermoso grupo de personas y en nuestro país, privilegios que valoramos mucho y agradecemos, renovando cada día nuestro compromiso de seguir dando siempre lo mejor que tenemos.

Es en el querer y disfrutar tanto lo que hacemos donde está, creemos, el gran valor y diferencial de LeBebot y el motor que se enciende y funciona cada día con tanto entusiasmo, cariño y responsabilidad.

El nacimiento

de LeBebot

Más de 20 años después de dar los primeros pasos en la industria del juguete y luego de transitar muchos y muy diversos caminos, comenzamos una nueva búsqueda.

 

Queríamos reconvertir el negocio y la manera de trabajar, con una línea de productos innovadora, que se distinguiera por su variedad, calidad, diseño y exhibición en los puntos de venta.

 

Tener una relación más directa con nuestros clientes, para poder nutrirnos mutuamente, fue también otra de las búsquedas que nos condujo, varios pasos después, al nacimiento de LeBebot.

 

Este nuevo camino inicia con la apertura de un local muy chiquito en la localidad de Quilmes, que tenía por fin analizar en forma directa la nueva línea de bebotes y accesorios que habíamos generado. Al tener características tan particulares y distintas a las de los productos que por entonces se encontraban en el mercado (y una forma de comercialización distinta), era necesario hacer este testeo previo para poder pensar luego en ampliar el negocio.

Fue, en este negocio de 24m2 donde obtuvimos toda la información necesaria para poder empezar, un año después, a expandir el negocio, con su particular forma de comercialización, basada en un sistema propio.

 

Y a partir de la apertura de los primeros RINCONES MÁGICOS LE BEBOT en distintas jugueterías y locales de rubros afines, empezamos a sentar las bases de este proyecto que hoy es nuestra empresa y medio de vida.

¡A jugar!

Pocas cosas son tan lindas y gratificantes como ver a niñas y niños jugar.

 

Los momentos de juego son tesoritos que guardamos para siempre en algún lugar especial de nuestra memoria al que después, de grandes, siempre queremos volver para, ya sea con el recuerdo o compartiéndolos con su relato, volver a vivirlos.

 

El juego debe ocupar un espacio muy importante en la infancia. ¡Todos los niños y las niñas deben poder jugar mucho! Porque jugando imaginan, sueñan, crean, expresan sus sentimientos, comparten sus emociones, construyen lazos, aprenden y lo más lindo es que lo hacen de manera natural, sin prejuicios, sin género, sin límites, sin filtros.

 

Jugando, descubren el infinito poder de su imaginación. Así, los súper héroes se cruzan en sus vuelos, las muñecas hablan entre si y los bebotes duermen (teniendo sus ojos abiertos) o lloran (teniendo carita sonriente). Todo lo que es y sucede en esos momentos y espacios es lo que cada uno va construyendo en su imaginación, en ese instante. Fue sobretodo este punto el que nos sedujo a desarrollar una línea de productos clásica, sin mecanismos, que no hiciera nada o, mejor dicho, que hiciera todo lo que las nenas y los nenes imaginan que hace cada vez que juegan.

 

Es al juego a donde llevan todo lo que observan y reciben del mundo que los rodea porque el juego en edades iniciales es, sobretodo, un espacio de expresión y emulación.

 

Que LeBebot sea parte de algunos de esos momentos tan mágicos que suceden cuando niños y niñas juegan, es para nosotros, una gran inspiración.

¡Y nosotros también! 

La evolución social que se viene dando hace un tiempo en relación a cuestiones de género, fue y sigue generando, importantes cambios en la matriz social en general y en el núcleo familiar en particular.

 

Así como las mujeres empezaron a conquistar terrenos antes reservados para los hombres, también los hombres empezaron a asumir funciones y roles familiares que antes ejercían las mujeres de manera exclusiva.

 

Nuevas generaciones de niños, vienen creciendo con sus papás en un rol y con una participación muy activa en su crianza y como tantas otras cosas que observan del mundo que los rodea, esto también lo naturalizan y llevan luego de manera espontánea y por emulación, al juego (haciendo con los bebotes todo lo que observan que sus mamás y también sus papás, sus tíos… hacen con ellos, con sus hermanos, sus primos...)

 

¿Pero está esto igualmente aceptado y naturalizado en el juego de los niños como en la vida real?

 

Creemos que aceptar y naturalizar los cambios de paradigmas que genera toda evolución es siempre un proceso lento, pero estamos convencidos que, como todo proceso, este también tendrá su fin y cuando eso suceda, ver a un niño varón jugar con bebotes, ya no serán un tema de debate ni discusión.

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